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En el lenguaje coloquial, la palabra “robo” es prácticamente la única que se utiliza para referirse a la acción de sustraerle a alguien lo que no le pertenece en contra de su voluntad. Se emplea para hablar del “robo de una vivienda”, del “robo de un banco”, del “robo de una cartera” o del “robo de comida en un supermercado”. No obstante, utilizar indistintamente este término es algo inexacto desde el punto de vista lingüístico y también desde el jurídico.

¿Qué es un robo?

El Diccionario de la Real Academia Española y la legislación vigente coinciden en definir el robo por su componente violento, de fuerza o de intimidación. El hecho diferencial que marcará si la sustracción de un bien ajeno es o no un robo, radicará en este hecho.

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Pero, ¿a qué se refiere ese componente violento, de fuerza o de intimidación?

Tanto si la víctima recibe algún tipo de amenaza, como si es agredida física o verbalmente, se hablaría claramente de un robo. Asimismo, si para llevar a cabo la sustracción se generan desperfectos o roturas en algún bien material (ventanas, cerraduras, puertas…) o se sabotean sistemas de seguridad (alarmas, cámaras, sensores…), se considerará igualmente que se trata de este tipo delictivo.

El grado de violencia empleado para un robo determinará también su gravedad como delito. Por ejemplo, si para robar una casa solo se ha precisado de forzar una cerradura o de romper un cristal, las administraciones de Justicia considerarán que se trata de un hecho más leve que si se ha agredido o amenazado al propietario.

Actualmente, en España, las penas por robo oscilan entre uno y tres años de prisión, y pueden llegar hasta los cinco en los casos en los que se ejerce una mayor violencia.

¿Qué es un hurto?

El hurto, a diferencia del robo, no implica violencia, fuerza o intimidación y, en general, se suele considerar un hecho delictivo de menor importancia.

Entre los hurtos más comunes se encuentran los que llevan a cabo los carteristas, que se aprovechan de los descuidos para hacerse con su botín. También se consideraría hurto la sustracción de bienes de un negocio sin aplicar ningún tipo de fuerza o violencia (por ejemplo, llevarse algún producto de un supermercado escondido en un bolso), o incluso de viviendas o vehículos que tengan sus puertas abiertas, sin que haga falta forzar o manipular las cerraduras.

La gravedad de este hecho dependerá del valor económico de los bienes hurtados. Si la suma total de estos supera los 400 euros, podrían llegar a imponerse penas de entre seis y 18 meses de prisión. Si la cuantía es inferior a 400 euros, por el contrario, lo más habitual es que se imponga una multa.

¿Qué hacer ante un robo o un hurto?

Tomar precauciones es la mejor manera de estar a salvo de robos y hurtos. Para ello, es importante reforzar la seguridad, tanto en el ámbito del hogar, como en el de los negocios. La instalación de sistemas de alarma eficientes, cámaras de videovigilancia y otros elementos como sensores de movimiento, son medidas de gran eficacia. A esto se pueden sumar otras acciones como reforzar con rejas las ventanas y puertas acristaladas o instalar cristales reforzados en los escaparates, introducir arcos detectores antihurto en las salidas de los locales comerciales o asegurarse de que las cerraduras de las puertas de acceso son lo menos vulnerables posibles.

En la calle, la clave para evitar posibles hurtos reside sobre todo en prestar atención, especialmente en lugares multitudinarios. También es recomendable llevar los objetos de valor como la cartera o el teléfono móvil en bolsillos poco accesibles, con cremalleras o en bolsos cerrados que se han de vigilar en todo momento.

En caso de ser víctima, tanto de un robo como de un hurto, es importante denunciarlo. Para ello, puedes acudir directamente a la comisaría de Policía o cuartel de la Guardia Civil más cercano o llamar al servicio de emergencias al teléfono 112.